SpaceX de Elon Musk ha lanzado hoy la mayor oferta pública de acciones, vendiendo acciones por valor de 75 mil millones de dólares.
SpaceX enfatizó sus notables logros en su presentación de salida a bolsa: «Somos el principal proveedor de lanzamientos para el gobierno de los Estados Unidos. En 2025, lanzamos 11 de las 12 misiones de elevación media y pesada de lanzamiento espacial de seguridad nacional (‘NSSL’) y las cinco misiones de tripulación y carga de EE. UU. a la Estación Espacial Internacional para la NASA».
La compañía es más conocida por construir cohetes reutilizables y por reducir drásticamente el costo de la producción de satélites y los lanzamientos de cohetes. Desde 2023, SpaceX dice que ha lanzado más del 80 % de la masa mundial en órbita cada año, con una tasa de éxito de la misión de más del 99 % en sus cohetes Falcon. Ciertamente, un logro extraordinario para una empresa privada en un sector que alguna vez fue dominado por las agencias espaciales del gobierno.
Sin embargo, sus actividades comerciales se extienden mucho más allá del lanzamiento de satélites y carga en órbita. A través de Starlink, su red de Internet por satélite de órbita baja, la compañía se ha convertido en un proveedor líder de infraestructura de telecomunicaciones. SpaceX tiene más de 9.600 satélites móviles y de banda ancha Starlink en órbita terrestre baja, proporcionando conectividad a Internet a aproximadamente 10,3 millones de suscriptores de Starlink en 164 países, territorios y otros mercados.
Esta tecnología ha demostrado ser invaluable en momentos de crisis. Cuando se producen ataques autoritarios o cierres de Internet, la banda ancha por satélite puede ofrecer una de las pocas formas que quedan para que civiles, periodistas, disidentes y trabajadores humanitarios se comuniquen entre sí y con el resto del mundo. Como informó Al Jazeera, cuando el gobierno iraní cortó brevemente el acceso a Internet el año pasado, Starlink fue utilizado por los ciudadanos para decirle al mundo lo que estaba sucediendo.
SpaceX es una empresa que se sede en la intersección de la defensa, las comunicaciones y la exploración extraterrestre. No es de extrañar que los inversores estén entusiasmados.
La mayor salida a bolsa del año antes de SpaceX fue el fabricante de chips Cerebras, que ha creado un motor a escala de oblea que contiene 900.000 núcleos optimizados para IA y ha revolucionado la velocidad a la que se pueden entrenar y ejecutar los modelos de inteligencia artificial. Sus acciones tenían un precio de 185 dólares y cerraron su debut el 14 de mayo en 311,07 dólares, un salto de aproximadamente el 68 % que le dio a la compañía una capitalización de mercado de unos 66,95 mil millones de dólares. Ciertamente, una señal del tipo de apetito de los inversores que SpaceX espera aprovechar.
Musk ha indicado que espera asignar una mayor parte a inversores individuales, y hasta ahora, solo los inversores individuales han solicitado más de 70 mil millones de dólares en acciones de SpaceX. Se han solicitado más de mil millones de dólares a un solo inversor de la oficina familiar, y las solicitudes han venido de fondos soberanos. Los grandes gestores de activos también han mostrado interés, con BlackRock haciendo una orden para comprar al menos 5 mil millones de dólares.
Ese nivel de demanda es sorprendente no solo porque SpaceX es grande, sino por lo que SpaceX representa: el triunfo de la empresa privada en una industria que alguna vez fue dominada por el estado. Durante décadas, la exploración espacial ha sido tratada como territorio gubernamental. Los cohetes se construyeron a través de extensos sistemas de adquisición, los lanzamientos fueron ruinosamente costosos y el progreso se movió a un ritmo lento.
Sin embargo, este no siempre fue el caso. Como sostiene Rainer Zitelmann, a principios de los siglos XIX y XX, las primeras formas de exploración espacial (a sasar, la construcción de observatorios espaciales) generalmente se financiaban de forma privada. «En cierto sentido, la economía espacial dominada por el estado de mediados a finales del siglo XX fue la excepción, y el reciente ascenso de los empresarios espaciales privados puede verse como un retorno a la norma histórica».
SpaceX ha adoptado el capital privado y la experimentación implacable. Ha revolucionado toda la industria de maneras que el estado no ha hecho.
Ese es el verdadero significado de esta salida a bolsa. SpaceX no solo está vendiendo acciones, sino que está ofreciendo a los mercados públicos una participación en una de las mayores historias de éxito capitalista del siglo XXI. El ascenso de la compañía es una prueba de que los mercados libres no solo son buenos para producir cosas que la gente consume directamente. La libre empresa puede transformar las industrias que definen la civilización.
SpaceX ahora lanza misiones de seguridad nacional, transporta astronautas, conecta comunidades remotas a Internet, ayuda a las personas a comunicarse durante las crisis y acerca a la humanidad a explorar el universo.
Queda por ver si SpaceX podrá justificar su extraordinaria valoración. Sin embargo, lo que ya está claro es que actividades que antes se consideraban competencia natural del gobierno a menudo pueden realizarse mejor, más rápido y con mayor ambición gracias al dinamismo del capitalismo y la brillantez de los emprendedores.
SpaceX es una lección no solo sobre lo que los mercados pueden lograr, sino también un motivo para preguntarse en qué otros ámbitos debería el gobierno dejar de interferir.
Publicado originalmente en CapX: https://capx.co/spacex-is-capitalisms-greatest-vindication
Reem Ibrahim.- es investigadora de políticas y medios de comunicación en Reason. Es licenciada por la London School of Economics and Political Science.
X: @ReemAmirIbrahim
