El choque constante en la historia de la sociedad entre la libertad y el autoritarismo es una dinámica que persiste en la naturaleza humana, tanto en el antiguo régimen como en el mundo posterior a las revoluciones liberales. En diferentes momentos de la historia se ha pensado que el régimen autoritario por excelencia de la época triunfaría por encima de otras naciones.[1]

De una forma u otra, todos los sistemas autocráticos han colapsado tanto internamente como externamente, y las naciones libres han logrado triunfar, tanto en el ámbito económico como en el cultural y político, frente a las ideologías que promueven el totalitarismo. La pregunta sería: ¿cuáles son los elementos que provocan que fracasen? Esta será la interrogante que intentaremos responder y daremos las razones por las que, aun viendo el posible éxito de los regímenes autoritarios, fracasan.

El intervencionismo económico:

El autoritarismo tiene una característica compartida con todas las manifestaciones que presenta: el intervencionismo económico. Este puede ser con un control directo mediante la estatización de la economía, como podemos ver en el socialismo marxista del siglo XX, donde el Estado pasa a ser el propietario de los medios de producción; también en el dirigismo económico, tanto en los movimientos fascistas del siglo XX como en la actual China del PCCh, donde el Estado determina el rumbo productivo y estratégico de la economía. 

Las dinámicas de este intervencionismo pueden variar, ya que conocemos las razones del fracaso del socialismo marxista por los problemas que conlleva el cálculo económico y la formación de precios, lo que limita la innovación y la adjudicación de recursos en las demandas reales de una economía. 

¿Y la economía dirigida? Esta tiene una ventaja y es la existencia de mecanismos de mercado como la formación de precios, el comercio y la propiedad privada, pero persiste en un error crucial y es la designación de recursos económicos en sectores que responden a los intereses políticos. Podemos ver que los sistemas autócratas tienen resultados positivos en los sectores donde el Estado desvía estos recursos de la economía como puede ser el militar, espacial o tecnológico en su carrera por el control y la dominación, como vemos hoy con China y EE.UU.

El fracaso de estas políticas es la incapacidad de generar el fenómeno conocido como unicornios; es decir, los puntos de innovación necesarios para hacer el salto siguiente en los mercados productivos. 

Si bien la maquinaria de guerra propició la desviación de recursos hacia el desarrollo de tecnologías que, con el tiempo, darían lugar tanto a la computación como a internet, los medios que hoy conocemos y que hacen posible la globalización de la información no surgieron de esa lógica. Emergieron, más bien, de forma espontánea en el marco de una economía más libre y privada, capaz de responder a las demandas reales de la sociedad. Esta diferencia se ve presente también en el estado actual de la carrera espacial llevada por las potencias[2], con la capacidad de SpaceX y su ventaja frente a los competidores estatales de China.

La capacidad de generar los intercambios y los incentivos económicos originarios de los unicornios hace que los sistemas autocráticos fracasen frente a las economías más libres, aun cuando su dirigismo pueda verse como ventajoso, no responden a la realidad futura de la innovación porque son incapaces de generar condiciones necesarias para que surja incluso en el sector intervenido: nuevas tecnologías. 

El costo del control

Las dictaduras y los sistemas cuyo fin es el totalitarismo buscan el control parcial o total de las sociedades que gobiernan, pero, como han demostrado la historia y la naturaleza predatoria preexistente del Estado, esta situación no se consigue mediante la persuasión o la renuncia voluntaria de la población de sus libertades ante el Estado autócrata, sino mediante la violencia y el terror. Los Estados autócratas asumen un costo tanto económico como político para mantener la existencia de su régimen, diferente a los sistemas democráticos donde el costo del sistema es menor. 

La libertad no se limita al comercio o a la política, sino que también involucra la lengua, la cultura, la religión y todas las expresiones humanas tanto individuales como colectivas.  Estas mismas están sujetas a los principios del orden espontáneo. El totalitarismo busca modificar al hombre como ser en sí mismo, por eso tanto de manera visual como mental se ataca al individuo.

Toda la maquinaria estatal busca la uniformidad, el control comunicacional y apaciguar las probabilidades de que surjan pensamientos críticos al poder. La estatización de la educación, el control estético de las ciudades y su arquitectura, e incluso la alteración del lenguaje, son mecanismos a los que el Estado recurre para ejercer sometimiento sobre la sociedad.

En la historia vemos cómo todos estos intentos fracasan, tanto el ateísmo soviético contra el cristianismo ortodoxo, el brutalismo urbanístico, la revolución cultural del maoísmo, el darwinismo social del nazismo, el control sobre el dinero, los intentos por controlar la información en internet. Todos los fracasos de la ingeniería social. 

Cada intento de la ingeniería social de alterar el tejido social viene de la mano de una rebelión en todos los niveles, una reacción que, de alguna forma u otra, dará pie a las grietas de un sistema, que, de manera no esperada, fallará. Ante la incapacidad de responder, tiene dos caminos: la ruptura o huir hacia adelante; esta última puede llevar a la guerra.

Sociedades abiertas y sociedades cerradas

Los problemas de las sociedades cerradas son evidentes para cualquiera que revise su historia. Pero, entonces, ¿por qué estos sistemas no buscan cambiar y lograr el “éxito”? La verdad es que los sistemas autoritarios tienen un problema aún más grave que los problemas del intervencionismo o el costo de mantener el Estado, y es la anulación del ecosistema de autocrítica interna. 

Se sabe muy bien que los regímenes de esta clase no solo utilizan el terror contra sus opositores y la población en general, sino también contra los miembros de sus propias filas, quienes, de manera cautelosa, alimentan a los líderes del sistema con información complaciente o falsa. Pero para tenerlo claro, veamos varios ejemplos: 

La Gran Purga de Stalin: La acusación de traición y espionaje contra miembros del partido y de las fuerzas militares sirvió como pretexto para purgar la estructura política, dejando en pie únicamente a los adeptos más complacientes con el régimen estalinista durante la década de 1930.

La consecuencia de esta medida a nivel interno del sistema fue la incapacidad de manejo de información real sobre la situación interna del país, causando aún más problemas tanto en la economía como en la política, pero esto se terminó de ver en la Segunda Guerra Mundial. Los reportes de inteligencia que advertían de una invasión alemana fueron modificados o ignorados. 

Los reportes de las batallas fueron alterados, las cifras modificadas y la experiencia de combate distorsionada, causando así los grandes fracasos soviéticos en los primeros años de guerra.

El PIB chino: En el caso del régimen autoritario predominante, los datos sobre la economía interna que maneja el PCCh, así como los que circulan ante el resto del mundo, son manipulados de forma deliberada por las autoridades locales del partido. Se trata, además, de un problema que el propio régimen reconoce internamente, lo que revela hasta qué punto la distorsión informativa opera como una práctica sistémica y no como un fenómeno aislado.

Esta situación solo es una manifestación de un problema permanente en los sistemas autoritarios, la incapacidad de corregir errores ante la falta de transmisión crítica de la información.

La idea de una sociedad autoritaria exitosa hoy parece atractiva por lo que podemos ver como inestabilidad en las democracias liberales, que en ocasiones pueden derivar en el autoritarismo. Pero ese éxito, que cada cierto tiempo se profesa de las dictaduras sobre las democracias, no llega, porque el autoritarismo ignora la naturaleza impredecible del individuo. 


[1] Incluyendo las naciones libres, véase la Francia de Napoleón Bonaparte, la Alemania nazi, la Unión Soviética y en tiempos contemporáneos la China del PCCh.

[2] Como en su momento fueron EE. UU. y la URSS.

Publicado originalmente por el Movimiento Libertario de Venezuela: https://movimientolibertario.org/blog/entry/Por-que-fracasan-las-autocracias/6

Yomar Moreno.- es Coordinador general del Movimiento Libertario de Venezuela (MLV). 

X: @YomarMr

Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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