El Papa, en su encíclica Magnifica Humanitas, no sólo hace un diagnóstico sobre los peligros de la IA, sino que también desarrolla propuestas morales para controlarlos. Detrás de cada algoritmo, viene a decirnos el Papa, hay decisiones, intereses, prioridades y valores que pueden alejarnos de la dignidad de la persona. El verdadero debate, pues, no gira en torno a la potencia de cálculo de los sistemas de IA, sino en torno a la orientación moral que guía su diseño y utilización.

Al Vaticano le gustaría, obviamente, regularizar, al menos desde el punto de vista moral, el uso de la IA. Es comprensible esa actitud. Deriva de la concepción antropológica del cristianismo que, dicho sea de paso, no cree «demasiado» en la bondad de la naturaleza humana.

Le sobran pruebas para desconfiar de los hombres y, sobre todo, tiene un argumento de orden teológico para matizar su posición acerca de la bondad humana, a saber, los seres humanos fueron creados buenos a imagen de Dios, pero la Iglesia también enseña que la naturaleza humana quedó corrompida por el pecado original. En resolución, el cristianismo reconoce una capacidad innata para el bien, pero acompañado de una tendencia universal hacia el mal. El hombre es un pecador, necesitado de ayuda, para redimir sus permanentes caídas. Y para eso está la Iglesia… Cuidado, concluye la encíclica, con los algoritmos que pueden llevarnos al despeñadero.

El mensaje de Magnifica Humanitas puede resumirse en una idea sencilla: la inteligencia artificial debe permanecer subordinada a la inteligencia moral. Las máquinas pueden calcular, predecir y optimizar; pero no pueden determinar por sí mismas qué es justo, qué es bueno o qué merece ser amado.

Esa responsabilidad continúa perteneciendo al ser humano que, sin lugar a dudas, cuenta con la ayuda de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Guste más o menos, no entraré en valoraciones morales, la Iglesia quiere «regular» el uso de la IA.

Contrasta la posición del Vaticano con la del Gobierno de Argentina, sin duda alguna, mucho más optimista que León XIV sobre la bondad de los hombres. Milei, sí, quiere la mínima intervención sobre la IA. De hecho, hace un mes presentó al Congreso una reforma de la Ley General de Sociedades para crear la figura de la «Sociedad Automatizada», una manera de atraer empresas que operan su objeto social con sistemas algorítmicos autónomos o agentes de IA, sin empleados en relación de dependencia para la operación ordinaria. De ahí que esas empresas deben incluir la denominación «Automatizada». Se trata, en efecto, de crear condiciones para atraer IA con baja regulación, responsabilidad limitada y tasa corporativa baja.

Milei en la presentación lo comparó con la responsabilidad limitada del siglo XVII: «Hagamos que Buenos Aires sea para la IA lo que Ámsterdam fue para la era de los navegantes». Y es que Milei, mejor que peor,está cumpliendo todo lo que prometió antes de llegar a la presidencia de la Argentina.

Escribí hace dos años un libro titulado: ¿Qué trae Javier Milei? Se trataba de un acercamiento a las fuentes intelectuales y, a veces, políticas de Milei. Todas ellas conducían a protegernos del principal mal de la política argentina y española: la intervención permanente del Estado para arruinar la vida de los individuos. Todas las grandes referencias teóricas y prácticas del tribuno Milei tendían a crear mecanismos, mediaciones e instituciones para que la ciudadanía pudiera protegerse del daño que a cada momento le inflige la casta política.

Es obvio que en este contexto, sin despreciar el importante rol que desempeñan los Estados, Milei es uno de los grandes defensores de la racionalidad del Mercado, al fin, de la libertad no sólo en el ámbito económico sino en todos los órdenes de la existencia, por encima de cualquier otra instancia, para dirigir nuestra vida en común. Gracias a esta política de priorizar el Mercado sobre el Estado, la libertad sobre la imposición regulatoria, Milei está sacando a la Argentina de la pobreza, el déficit sin límite y la inflación permanente.

La posición de Argentina ante la IA, sí, ante la regularización del uso de la IA está demostrando que es un genuino liberal-libertario. Es el Mercado el mejor regulador del funcionamiento de la IA. El Gobierno argentino, sin embargo, ya está regulando, o mejor dicho, poniendo reglas para promocionar e incentivar la IA.

La futura ley de Sociedad Automatizada será algo más que una alternativa al exceso de regulación de la legislación de la UE sobre IA. Pudiera convertirse en el mejor criterio para llevar a los tribunales de justicia a los dirigentes políticos de la Unión Europea que tratan a los usuarios de la IA como delincuentes potenciales. De hecho, Argentina, que ya opera con la Ley 27.242 para «desregular» el exceso de regulación sobre la IA, se ha convertido en una alternativa al modelo europeo.

Los burócratas de Bruselas eligieron el camino del miedo a la libertad. El AI Act de la Unión Europea regula hasta los suspiros sobre la IA. Lo primero que hace es prohibir: «Esta IA no. Aquella con auditoria. Aquella con registro». Un burócrata está controlando cada acción de la empresa. Los resultados están a la vista las startups de IA huyen a otros lugares o se mueren en el papeleo para ser autorizadas. Como diría un castizo, regularon tanto la innovación que la mataron.

Me parece que al día de hoy Europa no tiene un ChatGPT, ni un Midjourney, ni un Nvidia propio…Milei eligió el camino opuesto con la Ley 27.742. No pregunta qué algoritmo utiliza ni si tu IA «es ética», según la opinión de un funcionario. Solo te dice una cosa: «Trae US$200 millones, ponlos en la IA, software, alta tecnología, y yo te doy 30 años de reglas claras, o sea, estabilidad fiscal y cero aranceles para servidores importantes. Se puede girar dólares sin que el Estado los secuestre.Y, por supuesto, arbitraje internacional si el Estado te cambia las reglas. En fin, el Gobierno de Milei actúa bajo el criterio de libertad, inversión y reglas claras frente a la idea del viejo «Estado» paternalista de regular todo por miedo a la libertad.

Milei parte de la idea de que el progreso no se planifica desde un ministerio, mientras que el AI Act de la UE clasifica toda IA ​​por «riesgo» antes de que exista. Eso es, según Milei, la mano mortal de la regulación prematura». El Estado no sabe qué IA va a inventarse en 2027. Si las controlas, o mejor dicho, esclavizas con auditorias y registros hoy, matas lo que aún no ha nacido. Europa legisló sobre ChatGPT-4 cuando ya viene el GPT-7. Llegan tarde y mal.

Milei no impone cómo tiene que ser tu IA, sino que sólo te dice: «Invierte y responde con tu capital». IA provoca daño, te demanda, quiebra, vas preso. Eso es responsabilidad real. Sí, Milei cree en la propiedad privada y los tribunales de justicia. Cree más en las instituciones que los abogados y burócratas del «institucionalismo» europeo. Antrópico. Reguló tanto su propio mercado que, según los grandes expertos en este asunto, cedió casi toda la soberanía tecnológica a EEUU y China.

Por el contrario, Argentina considera que la soberanía de un país no es otra que tener servidores, centros de datos y empresas propias. Y eso sólo se puede conseguir atrayendo inversión, creando el sector y formando ingenieros. La «soberanía» de Europa acaba en «regular lo que hacen otros» en IA, mientras que Milei sólo aspira a potenciar a que la IA se desarrolle en Argentina. Se diría que la UE pretende administrar el «futuro», mientras que Milei, se dice pronto, quiere crearlo. A la espera de la nueva ley sobre la IA en Argentina, nadie puede negar que el Gobierno de Milei ya está definiendo el juego de la «regulación» de la IA.

La regulación no es prohibir como hace la UE sino ordenar con sentido liberal-libertario: la desregulación del uso debe ser compatible con una superregulación del incentivo. Milei ha cambiado radicalmente la manera de abordar el «control» de la IA. En verdad, su discurso y acción política están siendo fieles al pensamiento de Friedrich Hayek: «El hecho fundamental sobre el que descansa la filosofía entera del individualismo liberal-libertario: es la imposibilidad de definir el significado último de lo social. Sería imposible para una mente abarcar la infinita variedad de las diversas necesidades de las diferentes personas que compiten por los recursos disponibles y asignar un peso definido a cada una de ellas».

¿Cuál es el significado último de la IA? Eso sólo Dios lo sabe, mientras tanto a los hombres, especialmente a los que creen en su infinita bondad como es el caso de Milei, solo les cabe trabajar para controlar los males que se derivan del mal uso de su libertad. Pues eso, es lo que hace Milei, o sea, no hay mejor manera de controlar la IA que crearla.

Publicado originalmente en Libertad Digital: https://www.libertaddigital.com/club/ideas/2026-06-23/agapito-maestre-quien-controla-la-ia-leon-xiv-y-milei-ante-el-futuro-de-la-inteligencia-artificial-7422855/

Agapito Maestre.- filósofo, ensayista, escritor y catedrático universitario especializado en filosofía política, ética y cultura contemporánea. Doctor en Filosofía y catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política. Es autor de varios libros, el último ha sido: Filosofía española de los siglos XX y XXI: del pensar hispánico (2025).

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Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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