En el cuarto informe de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, los mexicanos asistimos nuevamente a un recuento de falacias económicas, engaños estadísticos y celebraciones sin sustento.

En particular, sin embargo, deseo concentrarme en algunos comentarios del presidente a propósito de algunas cifras que ofreció en su informe.

Pero antes, ofrezcamos al lector un breve contexto de la economía mexicana.

Contexto y problemas de la economía mexicana

Como diversos analistas del sector privado y la sociedad civil lo han comentado, México está en un escenario sumamente preocupante: la recuperación económica tras la pandemia no ha sido satisfactoria y una tasa de inflación superior al 8% gana impulso. Dado que los mexicanos esperan precios aún más altos, sus incentivos a incrementar su gasto hoy antes de que aumenten más los precios mañana son mayores. Sin embargo, el gasto adicional en una economía con cuellos de botella importantes y un bajo nivel de inversión privada sólo tiene el efecto de acelerar aún más el crecimiento en el nivel de precios.

A la sazón, la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado[1] realizada por el Banco México en agosto de este año reveló que los analistas subieron su estimación promedio de inflación subyacente[2] de 7.07% a 7.67% a fines de 2022. Y, pese a que subieron su estimación del PIB real[3] con relación al mes anterior, planteando ahora un crecimiento de 1.93% tras un estimado de 1.78% ofrecido en julio, cabe destacar que la perspectiva sigue siendo sombría. En diciembre de 2021, este estimado, por ejemplo, era de 2.79%.

¿Menos violencia?

El 45% de los encuestados percibe que la gobernanza es el principal obstáculo del crecimiento en la actividad económica de México, siendo que 18% de los encuestados detecta que los problemas de inseguridad pública continúan siendo un lastre. Esto contrasta con la siguiente cita del presidente en su informe:

«Es muy satisfactorio poder informar que estamos reduciendo la incidencia delictiva. No hay duda, no tengo ninguna duda, estoy absolutamente convencido —que ojalá y esto se pueda compartir cada vez con mayor número de personas en México y en el mundo— de que la paz es fruto de la justicia y que la clave, para conseguir la tranquilidad y la paz, está en la atención a los jóvenes, en la atención a la población más vulnerable y en la atención a los marginados de los beneficios del desarrollo»[4].

¿De qué justicia habla el presidente? No habla de justicia como el cumplimiento a las reglas del juego y la debida reparación al daño que predomina en países donde hay procesos legales eficientes y sanciones a quienes violan patrimonio ajeno o la integridad física de terceros. Para el presidente, justicia es sinónimo de redistribución; para el presidente hay mayor justicia dado que su gobierno ha transferido ciertos recursos a un conjunto de grupos poblacionales bien identificables.

De ahí el empleo peculiar de la palabra «justicia» que hace el presidente. Pero como lo tocamos en una entrega pasada, el gobierno actual poco ha hecho por la justicia bien entendida[5]. Poco más de dos tercios de la población mayor de 18 años (67.4%) ha manifestado sentirse insegura; y el caso de las mujeres es especialmente más alarmante, pues 72.9% de ellas ha manifestado esta inseguridad. Estas percepciones incrementaron en el último año, como puede verse en cifras de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana para el segundo trimestre de 2022 que elabora el INEGI. Aquí una de las gráficas publicadas por el INEGI:

Gráfica elaborada por el INEGI.

Un informe mentiroso

Ante el fracaso en materia económica difícil de ocultar, que está ligado a escandalosas decisiones presidenciales de centralización del poder, cancelación de proyectos de inversión y una mayor incertidumbre política, el presidente optó por decir lo siguiente en su informe:

«En la nueva política económica, moral y social que hemos aplicado desde el principio de nuestro gobierno se ha desechado la obsesión tecnocrática de medirlo todo en función de indicadores de crecimiento que no necesariamente reflejan las realidades sociales. Nosotros consideramos que lo fundamental no es cuantitativo, sino cualitativo: la distribución equitativa del ingreso y de la riqueza.

El fin último de un Estado es crear las condiciones para que la gente pueda vivir feliz. El crecimiento económico y los incrementos en la productividad y la competitividad no tienen sentido como objetivos en sí mismos, sino como medios para lograr un propósito superior: el bienestar general de la población y, aún más preciso, el bienestar material y el bienestar del alma».

El presidente asegura que ha mejorado la distribución del ingreso, lo cual, a su entender, compensa la caída en el crecimiento económico. Si el crecimiento económico y la productividad han caído, lo han hecho al precio de una distribución más equitativa del ingreso y de la riqueza.

El presidente tiene razón en señalar que la distribución del ingreso se ha vuelto más equitativa. El índice de Gini, que puede tomar valores de 0 a 100 –con 0 representando una perfecta igualdad de ingresos y 100, una perfecta desigualdad– se ubicaba en 47.2 puntos en 2010, de acuerdo a cifras recuperadas del Banco Mundial[6]. Para 2020, el valor era de 45.4 puntos. Esta reducción de 1.8 puntos en el índice de Gini es indicativa de una distribución más equitativa, sin duda.

¿Pero esta reducción en la desigualdad fue resultado de las políticas del presidente o respondía a una tendencia previa a su gobierno?

En la siguiente gráfica podemos observar que, aun antes de la entrada de este gobierno, ya había una disminución del índice de Gini desde 2014. Además, es destacable la aparente correlación entre la variación en el crecimiento económico del PIB y el comportamiento del índice de Gini, que sugiere una explicación como la siguiente: en México, durante los últimos años, un menor crecimiento económico tiende a estar relacionado con una distribución más equitativa del ingreso.

Fuente: elaboración propia con datos del Banco Mundial.

Si ese es el caso, la interpretación que hace el presidente López Obrador de las cifras económicas durante su gestión es aún más frágil. Existe la posibilidad, no sólo de que sus políticas no hayan tenido nada que ver con la distribución más equitativa del ingreso, sino que incluso la hayan empeorado. Esta es una pregunta que demanda una investigación empírica que excede los alcances de esta publicación, pero podemos consultar literatura relacionada para tener una idea de la posible respuesta.

López Obrador no ha sido el primer presidente de izquierda en justificar el pobre desempeño de la economía durante su gestión con supuestas mejoras en otros indicadores. En un trabajo de investigación publicado en 2020, titulado The economic consequences of durable left-populist regimes in Latin America (Grier et al.), los autores compararon el desempeño de las economías de Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador bajo regímenes populistas contra el desempeño que habrían tenido en ausencia de esos regímenes. Encontraron que en todas las economías (salvo la de Ecuador), el desempeño quedaba por debajo del desempeño simulado. Y, más importante aún, los autores encontraron que el pobre desempeño no se había visto reflejado en mejoras en la igualdad o en la salud.

Este es probablemente el mismo caso de México. El presidente tiene la carga de la prueba de que su gestión ha mejorado los indicadores que tanto celebra y que ha valido la pena llevar a la economía a la ruina.

Hasta el momento, eso no se vislumbra ni en su informe ni en el día a día de los mexicanos.


[1] Las encuestas, de frecuencia mensual, pueden consultarse en la siguiente liga: https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/encuestas-sobre-las-expectativas-de-los-especialis/encuestas-expectativas-del-se.html.

[2] La inflación subyacente (en inglés, core inflation) es aquella que excluye del cálculo a los componentes más volátiles del Índice Nacional de Precios del Consumidor (INPC); por ejemplo, los precios de bienes energéticos.

[3] El PIB real es aquel que mide las variaciones en el PIB sin incorporar el ruido de cambios en los precios.

[4] Esta cita, así como las posteriores que hagan referencia al cuarto informe, son tomadas textualmente de la versión estenográfica que puede leerse en el siguiente enlace: https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-4-informe-de-gobierno?idiom=es

[5] Invito al lector a consultar esta entrega: https://mexicolibertario.org/sin-proteccion-ni-seguridad-no-hay-libertad-ni-crecimiento/

[6] La cifras del índice de Gini referidas aquí pueden consultarse en la siguiente liga: https://data.worldbank.org/indicator/SI.POV.GINI?locations=MX

Por Sergio Adrián Martínez

Economista por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Administrador de Tu Economista Personal, sitio de reflexiones de economía y mercados libres.

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