Escribí sobre los festivales de cine de Venecia, Cannes, etc., convertidos en checas de la nueva internacional antisemita. Una ola de odio que usa a los palestinos como rehenes ideológicos para ese pogromo eterno que tienen que soportar los judíos. Su última manifestación no ha sido en un festival de cine, sino en uno de ideas (sic). Si alguien esperaba que alguno de los intelectuales invitados al Festival de Granada se desmarcase de la censura contra la autora judía, significa que a estas alturas de la película no comprende las raíces filosóficas de una intolerancia que se vanagloria de sí misma por virtuosa y ejemplar. Pero si hay algo que me molesta especialmente es que suelen invocar la paradoja de la tolerancia de Popper —mancillando el nombre de alguien que criticó como pocos a los ingenieros sociales totalitarios del espectro izquierdista—, en lugar del auténtico autor intelectual del terrorismo ideológico que arrasa el mundillo cultural, un tal Herbert Marcuse.

A finales de los sesenta, el profesor de la Escuela de Frankfurt Jürgen Habermas se enfrentó al activista de extrema izquierda Rudi Dutschke y a una parte de sus propios estudiantes. El filósofo defensor de la esfera pública y la acción comunicativa no vio en ellos solo un animoso entusiasmo revolucionario, sino, sobre todo, un peligroso voluntarismo ciego que justificaba la acción violenta por la acción violenta. Y la ruptura de las reglas democráticas liberales vestida de antifascismo. Mucho Marx, mucho Trotski, mucho Mao en las consignas, pero Habermas tenía claro que sus estudiantes marxistas-freudianos desarrollaban un fascismo de libro, versión de izquierdas.

Lo que pasó en Frankfurt se está repitiendo en el Festival Cultur-alh de Granada. Una ciudad que aspira a capital cultural de Europa expulsa a judíos de sus debates como hizo Heidegger cuando se convirtió en rector nazi de la Universidad de Friburgo. En el caso andaluz, un grupo de escritoras —Rita Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro— ha publicado un comunicado sobre la desinvitación de Ariana Harwicz. Lo que está en cuestión, dicen, es compartir un espacio público con quien, según ellas, niega el «genocidio» —las comillas son mías— que Israel lleva a cabo contra los palestinos. Quienes niegan este «genocidio» —las comillas siguen siendo mías—, afirman, son como quienes negaron el Holocausto. Por tanto, toda institución cultural, sostienen, tiene el «legítimo derecho» de excluir a quienes exceden los límites de la libertad de expresión, que sitúan en la injuria, la difamación y la incitación al odio.

Aquí opera un mecanismo censor de izquierda que Marcuse puso en movimiento, también él originario de la Escuela de Frankfurt en su dimensión más tenebrosa. En el libro Crítica de la tolerancia pura publicó un artículo titulado Tolerancia represiva, en el que sostiene que la tolerancia indiscriminada en las sociedades industriales avanzadas no es neutral, ya que favorece el statu quo y, por tanto, es represiva. La verdadera tolerancia liberadora consiste en retirar la tolerancia a las ideas y movimientos de derecha y extenderla únicamente a los de izquierda. Por «derecha» hay que entender hoy día a todo el que esté a la derecha de Bildu y Hamás. Es decir, no se trata de argumentar mejor o peor, sino de decidir de antemano qué discursos merecen existir en el espacio público. Harwicz no es juzgada por haber llamado a la violencia contra los palestinos o por haber negado hechos históricos documentados como las cámaras de gas. Es juzgada por rechazar el marco lingüístico y mental obligatorio para obtener el pasaporte al lado correcto de la historia, que se denomina hoy wokismo, como ayer leninismo, maoísmo o trotskismo. Así que la exclusión de la novelista de «ideas judías» no es, para estos censores, censura, sino higiene moral y santidad política. En el fondo, esta es una lucha entre los hijos de Voltaire y las hijas de Calvino.

Recupero a Popper, que formuló la paradoja de la tolerancia en las antípodas de Marcuse. Una tolerancia ilimitada conduce a la desaparición de la tolerancia, cierto, ya que si se concede el derecho de palabra y de organización a quienes, una vez en el poder, suprimirían esa misma libertad, los tolerantes serán destruidos. Pero Popper, a diferencia de Marcuse, no decía que hay que silenciar al discrepante que va a contracorriente. Decía que hay que combatirlo primero con argumentos y que solo se justifica la coacción cuando el intolerante rechaza la razón y pasa a la violencia o a la incitación directa a destruir el marco abierto.

Quienes invocan los límites de la libertad de expresión contra Harwicz son marcusianos, no popperianos. El resultado es un evento sin disidencia, un consenso de borregos patrocinado por una horda de lobos. Enseñar tolerancia a estos fascistas de izquierdas consiste en recordarles que el valor de un festival de ideas no se mide por la pureza ideológica de sus invitados, sino por su capacidad de sostener el desacuerdo sin convertirlo en anatema. Harwicz puede estar equivocada en su lectura del conflicto, claro, pero eso hay que debatirlo. La censura políticamente correcta que está arrasando Occidente de Harvard a Granada corre a cargo de los que tratan de blindar su monopolio ideológico. Y ese intento de hegemonía es, precisamente, lo que Popper llamó el enemigo de la sociedad abierta. El festival granadino presume de «una concepción abierta y bastarda de la cultura». En lo de «bastarda» estamos de acuerdo.

Publicado originalmente en Libertad Digital:  https://www.libertaddigital.com/cultura/2026-09-23/santiago-navajas-los-nuevos-enemigos-de-la-sociedad-abierta-7464584/

Dr. Santiago Navajas.- Profesor de Filosofía. Articulista en los diarios Vozpópuli y Libertad Digital, entre otros. Es autor de Manual de Filosofía en la pequeña pantalla (2011), De Nietzsche a Mourinho. Guía filosófica para tiempos de crisis (2012), El hombre tecnológico y el síndrome Blade Runner (2016)y el más reciente: El Pensamiento en Lucha (2024) entre otros libros.

X: @santiagonavajas

Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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