La inteligencia artificial representa la mayor ola de inversión de la historia moderna. Pero tras el entusiasmo que rodea al sector, surge una pregunta cada vez más inquietante: ¿estamos presenciando el nacimiento de una nueva revolución industrial o simplemente otra burbuja alimentada por el crédito fácil?

Para comprender lo que está en juego, debemos analizar las cifras.  Según las estimaciones citadas en el video de Escenarios Económicos que vimos, se espera que el gasto global en IA alcance aproximadamente los 2,5 billones de dólares, con un crecimiento anual superior al 40 %. Al mismo tiempo, los principales gigantes tecnológicos estadounidenses —Microsoft, Google, Amazon y otros proveedores de servicios en la nube— están invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en la construcción de infraestructura física: centros de datos, redes eléctricas, sistemas de refrigeración, chips y servidores. Para 2028, la inversión total en infraestructura de IA podría alcanzar casi los 3 billones de dólares.

Cifras de esta magnitud inevitablemente evocan comparaciones con las grandes burbujas especulativas del pasado. Sin embargo, el fenómeno actual presenta características únicas que merecen un análisis más profundo.

Para interpretar lo que está sucediendo, el video se basa en la teoría austriaca del ciclo económico desarrollada por Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Según este enfoque, las crisis económicas no surgen espontáneamente del mercado, sino de períodos prolongados de crédito artificialmente abundante y barato.  Cuando el dinero está fácilmente disponible, los empresarios reciben señales distorsionadas. Proyectos que en condiciones normales parecerían demasiado costosos o arriesgados de repente parecen sostenibles. Las empresas se expanden, los planes de inversión se vuelven cada vez más ambiciosos y toda la estructura productiva se expande hacia objetivos a largo plazo.

El problema surge cuando el crédito deja de fluir con la misma facilidad.  En ese momento , queda claro que muchas inversiones se concibieron sobre la base de expectativas poco realistas. Aquí es donde entra en juego uno de los conceptos clave de la teoría austriaca: la mala inversión.

Para los economistas austriacos, no se trata de errores empresariales aislados.  La mala inversión es un fenómeno sistémico. Sectores enteros de la economía se ven impulsados ​​hacia proyectos que parecen rentables únicamente gracias a la abundancia de crédito. Cuando la liquidez disminuye, estas inversiones revelan su fragilidad.  En el caso de la inteligencia artificial, el riesgo es evidente.

Los centros de datos, la infraestructura energética y las instalaciones de IA requieren enormes cantidades de capital y largos plazos de construcción. Una vez en funcionamiento, no se pueden reconvertir fácilmente para otros usos. Un centro de datos incompleto no se puede transformar en un supermercado o un centro comercial. Representa capital inmovilizado. Si se interrumpe el flujo de financiación, estas instalaciones corren el riesgo de convertirse en gigantescos monumentos al error económico.

Aquí es donde la historia se vuelve particularmente interesante.  Gran parte de la expansión de la infraestructura relacionada con la IA no se financia a través de los mercados públicos tradicionales, sino mediante fondos de crédito privados.  Estos fondos captan capital de inversores y lo prestan a largo plazo a empresas y proyectos de infraestructura.  El problema radica en la baja liquidez de estos préstamos. Si los inversores exigen simultáneamente el reembolso de sus participaciones, el fondo no puede liquidar rápidamente los préstamos concedidos. Esto genera una crisis de liquidez.

Según los datos presentados en el video, el fondo BREIT de Blackstone recibió solicitudes de reembolso que superaban sus límites permitidos, lo que obligó a la compañía a restringir los retiros. Al parecer, situaciones similares están afectando a otros grandes operadores como Cliffwater, Partners Group, Blue Owl y BlackRock. Si bien aún no nos enfrentamos a un colapso financiero, sin duda es una señal que merece atención.

Existe un segundo riesgo, quizás aún más subestimado.  La tecnología evoluciona a un ritmo asombroso. Los nuevos modelos de inteligencia artificial demuestran su capacidad para lograr resultados cada vez mejores utilizando menos potencia informática y menos recursos físicos.

El caso de DeepSeek es emblemático. Si los algoritmos cada vez más eficientes reducen drásticamente la necesidad de hardware, muchas de las infraestructuras actualmente en construcción podrían sobredimensionarse incluso antes de su finalización. En otras palabras, el riesgo no radica únicamente en la falta de financiación.  También podría surgir el problema opuesto: haber construido demasiado.

Por supuesto, sería erróneo concluir que la inteligencia artificial es una simple burbuja. Las innovaciones genuinas suelen dar lugar a fases especulativas. El desarrollo del ferrocarril en el siglo XIX, la electricidad a principios del siglo XX e internet en la década de 1990 estuvieron acompañados de excesos financieros y malas inversiones. Sin embargo, cada una de estas tecnologías ha transformado radicalmente la economía global.

La IA podría seguir el mismo camino. La cuestión fundamental es si las inversiones actuales están creando la capacidad productiva realmente necesaria o si son el resultado de una expansión crediticia masiva que ha suspendido temporalmente el juicio económico.  La teoría austriaca insta a la cautela. No niega el potencial revolucionario de la tecnología; simplemente nos recuerda que incluso las innovaciones más extraordinarias pueden ir acompañadas de errores colosales en la asignación de capital.

La inteligencia artificial promete transformar la productividad global como pocas innovaciones en la historia. Algunos, como Javier Milei, la han comparado con la Revolución Industrial. Sin embargo, la velocidad con la que fluye el capital hacia el sector y las tensiones iniciales que surgen en el mercado de crédito privado sugieren que el camino podría ser mucho más accidentado de lo que se imagina actualmente.

Es probable que la próxima década sea recordada como la era en la que la humanidad sentó las bases de la economía de la IA.  Queda por ver si esas bases se sustentarán en un crecimiento sostenible o en una enorme cantidad de crédito que, tarde o temprano, podría resultar menos sólida de lo que parece hoy.

Publicado originalmente en Miglioverde: https://www.miglioverde.eu/intelligenza-artificiale-unanalisi-economica-secondo-la-scuola-austriaca/

Franco Cagliani es un ensayista y colaborador independiente de Il Miglio Verde, con análisis centrados en la divulgación del pensamiento libertario y la economía de la Escuela Austriaca en el entorno digital italiano.



Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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