Se cumplen los 500 años de la Escuela de Salamanca, que se considera fraguó en el momento en que Francisco de Vitoriaaccedió a la cátedra Prima de Teología de la Universidad de Salamanca. Fue un 7 de septiembre de 1526. Su inmenso legado de reflexiones sobre el poder civil, el derecho de gentes, la guerra, los límites de la autoridad, incluso legítima, la moral en la economía e incluso la física o el fundamento racional, fecundó la Europa de entonces. Que sea ignorada casi totalmente en la educación española oficial, es una tragedia y una injusticia además de una estupidez.

Un día después de la clausura de las II Jornadas en defensa de la Historia de España y de la Hispanidad, impulsadas por las asociaciones Universidad Libre de Infantes y Héroes de Cavite desde su delegación madrileña, fueron convocadas, hosca y sectariamente, las elecciones generales por el Presidente del Gobierno, un Pedro Sánchez al que pueden aplicarse muchas de las doctrinas sobre el poder de la Escuela de Salamanca.

En un artículo de calado, Miguel Ernesto García Gutiérrez, delegado de Héroes de Cavite en Madrid, ya puso de manifiesto la enseñanza de dicha Escuela, asombrosamente democrática para la época, sobre cómo el pueblo puede y debe defenderse de sus gobernantes y cómo nuestra actual acción popular en los tribunales es una de las fértiles herencias que nos legaron. Gracias a ella, se han impulsado procesos judiciales contra la corrupción que han acorralado a este gobierno.

Una de las meditaciones más agudas de los miembros de la Escuela de Salamanca fue la que consideraba la necesidad de las acciones popularescontra los tiranos incluso aunque su autoridad hubiese sido legítima en origen. Sabido es que algunos de ellos, como el Padre Mariana, abogaron por el tiranicidio en el caso más extremo, la destrucción de derechos y el desprecio de las leyes por parte del déspota.

El tema de la reacción popular ante la tiranía ya fue tratado por Tomás de Aquino y de aquella raíz brotaron muchas aportaciones de esta escolástica salmantina, entre ellas, las de su miembro más reconocido, Francisco de Vitoria. Distinguía sensatamente el dominico burgalés entre dos tipos de tiranos, el que imponía su poder por la fuerza y el que, teniendo derecho legítimo al gobierno, no servía al bien público sino que orientaba el régimen político a su propio servicio y al de los suyos, conduciendo a la ruina material y moral. Puso como ejemplo de esta modalidad de tiranía a Pedro I de Castilla, Pedro el Cruel.

El padre Vitoria, además, desecha en este último caso el tiranicidio a manos de particulares. Siendo legítima su autoridad aunque haya devenido en tiranía, no cabe en el Derecho Natural liquidar al autócrata sin oírlo ni juzgarlo, ni cabe que una misma persona sea acusadora, juez y verdugo al tiempo. Sin embargo, la defensa, que no venganza, de la república no sólo es lícita y moralmente aceptable, sino que debe llegar a la deposición y al rechazo del tirano de una manera reglada por las leyes.

En una democracia liberal, y naturalmente así consta en nuestra Constitución, las elecciones son la forma justa de deponer a quien, habiendo obtenido el poder de modo legítimo, lo ha ejercido arbitraria y autoritariamente en beneficio de sí mismo, sus próximos y su partido dañando el bien común de los ciudadanos. Nadie puede negar que Pedro Sánchez, mintiendo desde el primer momento y fumigando la legalidad con una niebla de irregularidades, ha pasado de ser un presidente legítimamente electo a un Puto Amo sin escrúpulos. No lo niegan ni los propios socialistas, sobre todo los auténticos.

La convocatoria de elecciones generales nos sitúa a los españoles ante la posibilidad de decidir limpiamente —está por ver que finalmente se consiga— si terminamos de una vez con un régimen monstruoso sobrevenido que hasta el último momento muestra su cara más podrida –la nueva tramitación maquillada de los dos decretos rechazados por el Congreso es otra prueba— o si corremos el riesgo de ser sepultados por una marea antinacional y totalitaria que acabe con la España constitucional, deteriorada, cierto, pero constitucional.

Si decidimos enterrar el régimen sanchista, que es lo creo justo y necesario, no bastará que confiemos en la supuesta buena voluntad de conversos acojonados, traidores y chaqueteros que no la han tenido nunca. Necesitamos hacer posible entre todos que Pedro Sánchez sea sepultado sin honores en la zahúrda historia sin opción alguna a resistir ni a persistir.

Ello implica dos proyectos: uno, preelectoral; y otro, poselectoral. Ahora hay que ser capaces de pactar lo que sea preciso, generosamente, para que ni un solo voto se disperse por las cloacas del sistema, dando cobijo a todos los que pretenden sinceramente acabar con este cáncer generado por los defectos de nuestra democracia.

Tras las elecciones, se trata de emprender una hoja de ruta tal que los enemigos de la España unida, abierta y democrática no puedan volver a levantar cabeza. Esto es, necesitamos la reconstitución y reinstitucionalización de la nación perdiendo el miedo y los complejos a declarar fuera de la ley lo que debe estar fuera de la ley en defensa de la convivencia.

Tenemos una oportunidad de construir una España democrática sin fugas ni fisuras. Tal vez la última. Es la hora del patriotismo. La tiranía sanchista debe terminar para siempre.

Publicado originalmente en Libertad Digital: https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2026-10-06/pedro-de-tena-las-proximas-elecciones-y-la-escuela-de-salamanca-7471511/

Pedro de Tena Alfonso.- es un periodista y escritor español. Es coautor junto a Antonio Barreda del libro de investigación La tela de araña andaluza, un estudio sobre las redes de clientelismo y la administración en Andalucía. También ha escrito artículos de análisis histórico y cultural, como los centrados en episodios de la Segunda República y la Guerra Civil.

Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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