En los últimos años ha cobrado fuerza un debate sobre una posible brecha política que se estaría abriendo entre hombres y mujeres jóvenes en varios países occidentales. La pregunta no es nueva en el sentido de que siempre ha habido diferencias de opinión entre sexos, pero sí lo es la sensación de que algo ha cambiado en la última década y media. Algunos datos sugieren que las mujeres jóvenes se han movido hacia posiciones más progresistas o de izquierda, mientras que los hombres jóvenes muestran una tendencia más conservadora o hacia la derecha. No se trata de que todo el mundo se haya radicalizado de golpe, sino de un ensanchamiento de la distancia entre ambos grupos que podría tener consecuencias en las elecciones, en la cultura y en cómo cada sexo percibe temas como la igualdad, la inmigración, el medio ambiente o los roles tradicionales. Es un fenómeno que genera titulares y discusiones acaloradas, pero que merece mirarse con datos antes que con prejuicios.

Los datos más citados provienen de análisis como el de John Burn-Murdoch en el Financial Times de enero de 2024, que recopila encuestas en varios países y muestra una divergencia clara. En Estados Unidos, según Gallup, las mujeres de 18 a 29 años se identifican como liberales –en el sentido norteamericano, es decir, tendiendo a la izquierda– en torno al 40 %, frente al 25 % de los hombres de la misma edad, una diferencia de unos 15 puntos que se ha ampliado en los últimos años mientras los hombres se mantienen más estables. En Alemania la brecha llega a unos 30 puntos entre mujeres cada vez más progresistas y hombres más conservadores, y en Reino Unido ronda los 25 puntos. En Corea del Sur el contraste es aún más pronunciado. El artículo de Burn-Murdoch ilustra cómo esta separación ideológica entre jóvenes de ambos sexos se ha acelerado desde la década de 2010 en adelante, ajustando por tendencias generales de la población.

En el Reino Unido, encuestas como las de YouGov y Focaldata para el John Smith Centre refuerzan esta imagen. Las mujeres jóvenes de 16 a 29 años se identifican más como de izquierda –alrededor del 20 % frente al 13 % de los hombres– y apoyan en mayor medida opciones como el Partido Verde. En las elecciones generales de 2024, los hombres de 18 a 24 años votaron más por Reform UK y los Conservadores –22 % combinado– que las mujeres de esa franja (12 %). Un artículo de la BBC resume estos patrones y destaca que las mujeres jóvenes tienden a priorizar temas como la igualdad de género y el medio ambiente, mientras que los hombres jóvenes muestran más apoyo a posturas sobre economía, inmigración o roles tradicionales. En Suecia, datos recientes de Statistics Sweden apuntan en la misma dirección: los hombres jóvenes apoyan en mayor proporción al partido de derecha Sweden Democrats, mientras que las mujeres jóvenes respaldan más a los socialdemócratas y la izquierda verde –casi dos tercios de las mujeres de 18-29 en ese bloque–.

Un análisis de UnHerd de abril de 2024 matiza un poco la narrativa de que «los hombres se van a la derecha». Según este texto, la brecha se explica en buena medida porque las mujeres jóvenes se han desplazado más hacia la izquierda, influidas por lo que llaman el Great Awokening o wokismo: un auge de actitudes progresistas en temas sociales, mayor identificación como LGTBI entre las mujeres y mayor exposición a discursos sobre salud mental y cancelación cultural en campus y redes. En encuestas de campus estadounidenses (FIRE), las estudiantes se declaran liberales en un 55 % frente al 40 % de los estudiantes, aunque la brecha se reduce cuando se mira solo a heterosexuales o a quienes rechazan el exceso de corrección política. En Reino Unido, encuestas similares de YouGov muestran que las mujeres jóvenes de 18-20 años se sitúan más a la izquierda (51 % frente a 46 % de hombres), pero de nuevo la diferencia se atenúa al controlar por ciertas variables. Estos datos sugieren que no es que los hombres hayan dado un giro dramático hacia la derecha, sino que las mujeres han avanzado más en la dirección progresista, ampliando la distancia.

El problema más interesante no son solo los números, sino por qué está pasando esto. Una hipótesis razonable apunta a las redes sociales y los algoritmos. Las plataformas como TikTok, Instagram o Twitter/X tienden a amplificar contenidos diferentes según el sexo del usuario: para muchas mujeres jóvenes, contenidos sobre empoderamiento, feminismo, identidad de género, salud mental y justicia social; para muchos hombres jóvenes, contenidos sobre competencia, crítica a la cultura woke, economía o masculinidad tradicional. Esto puede crear cámaras de eco que refuerzan visiones opuestas.

Otra explicación tiene que ver con la educación: las mujeres acceden en mayor proporción a la universidad, donde las ideas progresistas suelen tener más peso entre profesores y compañeros, lo que puede inclinar sus opiniones hacia temas de igualdad y cambio social. Los hombres, por el contrario, pueden sentirse más presionados por la economía real –empleo, vivienda, estatus– y reaccionar con escepticismo hacia narrativas que perciben como alejadas de sus preocupaciones cotidianas.También entran en juego diferencias promedio de personalidad que la psicología ha documentado durante décadas en escalas como los llamados Cinco Grandes (Big Five). Las mujeres tienden a puntuar más alto en rasgos como la amabilidad y la sensibilidad emocional o neuroticismo, lo que puede hacerlas más receptivas a causas sociales, ambientales o de inclusión. Los hombres, en promedio, puntúan más alto en algunos aspectos de asertividad o interés por sistemas y jerarquías, lo que podría orientarlos hacia temas de orden, competencia y crítica a excesos identitarios. No son diferencias absolutas ni deterministas -hay mucha variación individual, por supuesto-, pero sí patrones que, combinados con cambios culturales, pueden amplificar divisiones.

Otra hipótesis plausible es el rebote o reacción cultural: algunos hombres jóvenes perciben que el feminismo y las políticas de género han ido demasiado lejos en ciertos ámbitos –deportes, espacios seguros, lenguaje–, lo que genera un rechazo que se canaliza hacia opciones más conservadoras. Por el lado de las mujeres, el mayor énfasis en temas como la violencia de género, la igualdad salarial o el cambio climático puede empujarlas hacia la izquierda de forma natural.De todos modos, no todo es cultural o psicológico. Factores económicos también juegan. En muchos países los hombres jóvenes enfrentan más dificultades en el mercado laboral tradicional –sectores industriales en declive, mayor desempleo juvenil en algunos casos– y pueden sentir que las narrativas progresistas no les ofrecen respuestas prácticas. Las mujeres, por su parte, se benefician más de la expansión de sectores de servicios y cuidado, y ven en las políticas de izquierda mayor énfasis en bienestar y protección social. En países como Corea del Sur el contraste es extremo y se vincula incluso a tasas de natalidad muy bajas y tensiones de género agudas.

En resumen, los datos indican que sí hay una brecha ideológica creciente entre hombres y mujeres jóvenes en varios países occidentales, y que las mujeres se han movido más claramente hacia posiciones de izquierda o progresistas en los últimos años, mientras que los hombres se mantienen más estables o se inclinan ligeramente hacia la derecha en algunos contextos. Las causas parecen ser una combinación de redes sociales, educación, diferencias promedio de personalidad, reacciones culturales y factores económicos. Nada de esto es inevitable ni irreversible, y depende mucho del país concreto: en algunos lugares de Europa la brecha es moderada o inexistente, mientras que en Estados Unidos o Reino Unido se percibe con más fuerza.

El debate sigue abierto porque los datos son correlacionales y las explicaciones causales son especulativas. Haría falta más investigación longitudinal y comparada para entender mejor qué peso tiene cada factor y si esta tendencia se mantendrá o se corregirá con el tiempo. Lo prudente es no convertir esto en una guerra de sexos ni en narrativas simplistas de «hombres malos, mujeres buenas» o viceversa. Es un fenómeno social complejo que merece atención serena porque afecta a cómo nos relacionamos hombres y mujeres, a cómo votamos y a cómo construimos la sociedad en la que estamos y en la que vamos a vivir en los próximos años.

Publicado originalmente en Libertad Digital: https://www.libertaddigital.com/club/ideas/2026-08-05/pablo-malo-se-han-ido-las-mujeres-a-la-izquierda-y-los-hombres-a-la-derecha-7445286/

Pablo Malo.- reconocido psiquiatra español, divulgador científico y experto en psicología evolucionista. Es editor del espacio digital Evolución y Neurociencias y coeditor de La Nueva Ilustración Evolucionista, donde comparte literatura científica comentada.

X: @pitiklinov

Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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