El podcast 11KM aborda un caso de Venezuela, donde el Estado bajo el mandato de Nicolás Maduro se describe en el título como un «departamento de extranjeros» y trata a la población como rehenes políticos. La pregunta central es cómo un aparato gobernante trata a los extranjeros, migrantes o presos, y qué papel juegan el control, el aislamiento y el chantaje en este proceso.

La formulación es drástica, pero impactante: cuando el poder político ya no se basa en el consentimiento sino en el acceso, las personas se convierten en mercancías. El cuerpo de un individuo, su estatus migratorio, su pasaporte, su libertad: todo esto se trata entonces no como un derecho inalienable, sino como una herramienta de presión en el juego del poder. Es precisamente aquí donde se evidencia la lógica perversa del monopolio político.

Venezuela no es un caso aislado, sino una advertencia. Cuando el poder se vuelve autónomo, busca constantemente nuevas víctimas. Hoy son extranjeros, mañana miembros de la oposición, pasado mañana sus propios ciudadanos. La transición de la administración a la toma de rehenes es fluida porque ambas se basan en el mismo fundamento: la pretensión de tratar a las personas no como dueñas de sus propias vidas, sino como objetos que deben ser controlados.

Lo más preocupante es que estos sistemas suelen operar con el lenguaje del bien común. Orden, soberanía, seguridad: conceptos que suenan nobles, pero que a menudo desembocan en arbitrariedad. Hayek demostró lo presuntuoso que es creer que una autoridad central puede planificar la vida social. En manos autoritarias, esta presunción se convierte en pura violencia. Donde no existe el libre intercambio, ni la seguridad jurídica, ni una competencia genuina entre las instituciones, solo queda la sumisión para el individuo.

El hecho de que el podcast describa al Estado como un secuestrador es, por lo tanto, más que un simple titular provocador. Es el diagnóstico acertado de un sistema que no limita su poder, sino que lo expande. Rothbard habría reconocido esto como el desenlace habitual de la acumulación política: cuanta menos resistencia, más brutales los medios de control. Un aparato que mantiene a la gente cautiva para ejercer presión es, en principio, prácticamente indistinguible de una banda que opera bajo una bandera oficial.

La verdadera lección va más allá de Venezuela. Todo Estado que centraliza el control de fronteras, documentos y movimientos construye la misma infraestructura de abuso. Primero viene el registro, luego el permiso y, finalmente, la toma de rehenes. Sin embargo, la civilización no se basa en jurisdicciones cambiantes, sino en la libertad, la propiedad, los contratos y la posibilidad de escapar de la dominación. Donde esto ya no es posible, la barbarie comienza en la burocracia.

Quienes siguen este caso ven algo más que un simple desliz del régimen. Ven la esencia del poder político cuando este no se controla: las personas se convierten en meros instrumentos. Y precisamente por eso, cualquier expansión de ese poder es un paso en la dirección equivocada.

Publicado originalmente en Freiheitsfunken AG: https://freiheitsfunken.info/2026/05/12/24051-autoritaere-herrschaft-11km-podcast-venezuelas-auslaenderabteilung—staat-alsgeiselnehmer

Yorck Tomkyle es médico alemán. Actualmente reside en Namibia, tras jubilarse.

Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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