Hoy, 1 de febrero, el economista Ludwig Lachmann cumpliría 120 años si estuviera vivo. En este sentido, el siguiente artículo ofrece una importante introducción a las contribuciones del autor a la Escuela Austriaca de Economía.
El economista y filósofo Ludwig Lachmann, que vivió entre 1906 y 1990, dejó contribuciones singulares a la teoría económica del capital y de las expectativas. Sin embargo, su relevancia va mucho más allá de la economía estrictamente técnica. Como teórico social y metodólogo, desarrolló una concepción subjetivista del orden social que lo distinguió de gran parte de la profesión económica del siglo XX.
Lachmann realizó su formación académica en Alemania, en la Universidad de Berlín, entre 1924 y 1933, período en el que completó su doctorado. Su interés por la economía austriaca, especialmente por la obra de Carl Menger, surgió durante un verano pasado en la Universidad de Zúrich en 1926. Con el ascenso del régimen nazi, dejó Alemania en 1933 y se estableció en Inglaterra, donde pasó a asistir intensamente a la London School of Economics.
En ese momento, la LSE estaba en la cima de su influencia intelectual y reunió a algunos de los nombres más prometedores de la economía. Entre ellos se encontraba el economista austriaco Friedrich Hayek, que más tarde recibiría el Premio Nobel y que se convertiría en mentor y colega de Lachmann. Fue a lo largo de las décadas de 1930 y 1940 cuando Lachmann consolidó sus ideas dentro de la tradición austriaca.
En 1948, se trasladó a Sudáfrica para ocupar el cargo de profesor de economía e historia económica en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, donde permaneció hasta el final de su vida. Después de su jubilación, comenzó a enseñar un semestre al año en la Universidad de Nueva York, en el programa de economía austriaca, actividad que mantuvo hasta unos años antes de morir, en diciembre de 1990, a los 84 años.
A lo largo de su carrera, Lachmann publicó tres libros, una monografía y, según estimaciones, sesenta y ocho artículos. Sus ideas centrales tomaron forma durante los años en la LSE, cuando se dedicó intensamente al estudio de la teoría del capital de Hayek y publicó varios trabajos sobre el tema. Fue precisamente a partir de estas reflexiones sobre el capital que comenzó a interesarse por la metodología de las ciencias sociales, área que ocuparía el centro de su producción intelectual en las décadas siguientes.
Cuando se estableció en Sudáfrica, sus posiciones fundamentales ya estaban ampliamente definidas. La lectura de sus artículos publicados entre los años 1940 y 1980 revela una impresionante consistencia intelectual y una estrecha fidelidad a sus ideas centrales.
Su contribución más destacada a la economía está en la teoría del capital. En oposición a la noción convencional de un stock homogéneo de capital, Lachmann propuso la idea de una estructura de capital formada por una compleja diversidad de bienes productivos. Esta diversidad no puede reducirse a una sola medida, ya sea en términos de valor o de tiempo de trabajo, pero tampoco constituye un conjunto caótico. Se trata de una estructura ordenada, cuya ordenación se deriva de los fines específicos que desempeña cada bien de capital.
La imposibilidad de agregación resulta del hecho de que el valor de cada bien de capital depende de la especulación y de las expectativas subjetivas de su propietario. Los tenedores de capital combinan estos activos con el objetivo de obtener ganancias, y tales combinaciones integran planes de producción. Estos planes pueden ser exitosos o fracasar. Solo en una situación altamente improbable de alineación perfecta entre todos los planes existentes sería posible que todos alcanzaran el éxito simultáneamente.
Lachmann desarrolla su teoría de la estructura de capital a partir de las nociones de complementariedad y sustituibilidad. La primera está asociada a la estabilidad, mientras que la segunda expresa el dinamismo del cambio. Cambios inesperados llevan al empresario a abandonar un plan en favor de otro, reorganizando sus combinaciones de capital en un proceso que Lachmann llama reagrupación de capital. Aunque los planes individuales presentan coherencia interna, no existe una lógica unificadora capaz de armonizar los numerosos planes que coexisten en la economía en su conjunto.
El proceso de mercado, a través de la asignación de ganancias y pérdidas según las decisiones de consumo, valida ciertos planes e invalida otros. Solo en retrospectiva, cuando se analiza en forma de narrativa histórica, este proceso se vuelve inteligible. Si bien ocurre, no es completamente comprensible para ninguna mente individual. Si lo fuera, el propio mercado se volvería innecesario. Solo en esta hipótesis tendría sentido hablar de un stock agregado de capital.
Para Lachmann, una característica fundamental del capitalismo es su exposición permanente al cambio. La era capitalista está marcada por transformaciones rápidas y crecientes. Estos cambios no son el resultado del azar, sino de la capacidad superior de las economías de mercado para hacer frente a lo inesperado. Los mercados no solo absorben los cambios imprevistos, sino que también los estimulan y se benefician de ellos.
En 1956, Lachmann refinó sus argumentos y publicó Capital and its Structure, en un período en el que la teoría del capital ya había perdido espacio en el debate económico dominante. El relativo silencio que rodeó la obra debe haber sido una gran frustración. A partir de entonces, dirigió su atención a los fundamentos más profundos de la ciencia económica, promoviendo una revisión radical de las direcciones que la teoría económica había estado tomando. Este esfuerzo ocupó el resto de su vida académica.
Al explorar las implicaciones del subjetivismo, Lachmann expuso de manera clara y rigurosa las diferencias entre su concepción de una sociedad dinámica y la visión predominante en la economía convencional. Este interés también lo llevó a producir una notable reflexión sobre las contribuciones de Max Weber.
Su legado más valioso, sin embargo, reside en el principio del individualismo subjetivo. Al enfatizar que los individuos difieren entre sí en las preferencias, expectativas e interpretaciones del mundo, Lachmann nos recuerda la importancia de respetar estas diferencias no solo en la vida cotidiana, sino también en el análisis científico. Solo reconociendo esta diversidad es posible comprender, de manera realista, el funcionamiento del proceso de mercado.
Publicado originalmente por el Mises Institute: https://store.mises.org/assets/productimages/WhoisLachmann.pdf
Peter Lewin es profesor de economía en la University of Texas en Dallas.
