México enfrenta una paradoja hídrica cada vez más evidente: mientras el discurso público insiste en el derecho humano al agua y en los grandes planes nacionales, la realidad muestra sistemas frágiles, intermitentes y vulnerables a eventos extremos. Las inundaciones de 2025 en la Ciudad de México, el Estado de México y Veracruz, no fueron una anomalía, sino la manifestación de un modelo agotado: centralizado, rígido y desconectado del territorio.
El paso del huracán Otis por Acapulco en 2023 marcó un punto de inflexión en la discusión sobre resiliencia hídrica en México. Su rápida intensificación superó cualquier modelo de planeación central basado en datos históricos, dejando sin operación sistemas completos de agua potable, drenaje y saneamiento en cuestión de horas. La crisis posterior no fue solo eléctrica o urbana, sino profundamente hídrica: falta de agua potable, colapso de plantas centralizadas y dependencia inmediata de soluciones improvisadas y locales.
Otis demostró que, bajo eventos climáticos extremos, los sistemas hídricos altamente centralizados fallan de forma simultánea, mientras que la recuperación depende, de facto de capacidades descentralizadas: captación local, pozos comunitarios, tratamiento modular y gestión territorial directa. No se trató de una anomalía, sino de una señal temprana de lo que ocurre cuando la infraestructura no está diseñada para la no linealidad climática.
El debate actual suele plantearse como un falso dilema: o el Estado controla completamente el agua, o se abre la puerta a la privatización abusiva. Esta dicotomía empobrece la discusión y bloquea soluciones. Existe una tercera vía, ampliamente documentada en la economía institucional y cada vez más urgente en el contexto climático mexicano: la gobernanza policéntrica del agua.
Hablar de poli centrismo no significa debilitar al Estado, sino redefinir su rol. En lugar de ser operador único, el Estado actúa como árbitro, garante de derechos, diseñador de reglas y evaluador de resultados. La gestión cotidiana —captación, tratamiento, reúso, infiltración— se acerca al territorio, donde la información es más precisa y los incentivos más claros.
En un sistema policéntrico, múltiples actores toman decisiones coordinadas: comunidades, municipios, usuarios industriales, cooperativas, empresas locales y organismos públicos. Cada uno opera en su escala, con responsabilidades definidas y métricas verificables. El resultado no es caos, sino resiliencia distribuida.
El sistema hídrico mexicano fue diseñado bajo una lógica lineal: extraer, potabilizar, usar, drenar. Esta arquitectura depende de grandes infraestructuras, largas redes y una autoridad central que decide desde lejos. Bajo condiciones normales ya es ineficiente; bajo estrés climático, colapsa.
Las lluvias intensas de 2025 lo demostraron con claridad. Cuando todo depende de colectores, bombeos y plantas centralizadas, basta un cuello de botella para que el sistema falle. El agua no infiltra, no se retiene, no se reutiliza: se convierte en riesgo.
Qué significa gobernanza policéntrica aplicada al agua
Aplicada al agua, la gobernanza policéntrica se traduce en principios muy concretos:
Decisiones al nivel más cercano al impacto
Quien vive el riesgo, inundación, escasez, contaminación— debe tener capacidad de decisión.
Responsabilidad vinculada a resultados medibles
No basta con cumplir normas; importa cuánta agua se reutiliza, cuánta se infiltra, cuánta se deja de extraer.
Diversidad de soluciones según el territorio
Lo que funciona en el Valle de México no es lo mismo que en la Huasteca o el Bajío.
Redundancia funcional
Si falla un nodo, otros siguen operando. Eso es resiliencia.
Instrumentos concretos para una gestión regenerativa del agua
La descentralización no es retórica. Requiere instrumentos claros:
Microsistemas hídricos legalmente reconocidos
Captación pluvial, tratamiento descentralizado, reúso local, humedales construidos, infiltración urbana.
Contratos por desempeño
Pago por metros cúbicos reutilizados, carga contaminante removida, reducción de descargas o demanda a red.
Tarifas que reconozcan el valor del reúso local
Si una comunidad reduce presión sobre la red, debe reflejarse económicamente.
Cooperativas y asociaciones público-comunitarias
Propiedad colectiva, reglas claras, transparencia y mantenimiento local.
Gestión por microcuenca, no solo por concesión administrativa
El agua sigue la topografía, no los organigramas.
Estos instrumentos alinean incentivos: menos extracción, más reutilización; menos descarga, más regeneración.
La economía circular aplicada al agua no consiste en grandes plantas “verdes”, sino en cerrar ciclos localmente:
Captar donde llueve
Tratar donde se usa
Reutilizar donde se necesita
Infiltrar donde el suelo lo permite
Esto reduce pérdidas, costos energéticos y dependencia de sistemas lejanos. Además, convierte al agua de residuo en recurso y al territorio en aliado, no en enemigo.
Desde esta lógica, el saneamiento descentralizado y los sistemas de ciclo cerrado no son soluciones “alternativas”: son infraestructura crítica para el siglo XXI.
El Estado sigue siendo indispensable. Pero su función cambia:
Define estándares de calidad y monitoreo
Garantiza el derecho humano al agua
Evita abusos y captura del recurso
Facilita información y coordinación
Premia el desempeño, no la obediencia burocrática
Un Estado fuerte no es el que lo controla todo, sino el que permite que muchos resuelvan bien.
En conclusión, regenerar el agua exige libertad con responsabilidad. La crisis hídrica mexicana no se resolverá solo con más presupuesto, más control o más centralización. Se resolverá cuando el diseño institucional permita que el agua se gestione como lo que es: un sistema vivo, territorial y dinámico.
Regenerar el agua implica aceptar que no existe una solución única, sino muchas soluciones locales bien coordinadas. Implica confiar en la capacidad de comunidades, municipios y usuarios para cuidar lo que usan, siempre que existan reglas claras e incentivos correctos.
Después de 2025, el mensaje es claro: el centralismo ya mostró sus límites.
La resiliencia hídrica de México pasa por más centros de decisión, más responsabilidad local y más ciclos cerrados.
Ley sí. Estado sí. Pero también libertad, poli centrismo y regeneración desde abajo.
Omar Meléndez.- Empresario mexicano, radicado en Europa, especialista en uso sostenible del agua, y activista libertario.
X: @OmarMelendezSil
