El General de Ejército Raúl Castro Ruz (centro), Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, durante la clausura de la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba (PCC), en el Palacio de Convenciones, La Habana, el 29 de enero de 2012. AIN FOTO/Ismael FRANCISCO/CUBADEBATE/are

Cuba se desmorona. El sistema eléctrico lleva semanas colapsando –apagones de más de 48 horas–, los hospitales funcionan a oscuras y el éxodo de cubanos no se detiene. En medio de este escenario, el exvicepresidente Pablo Iglesias ha viajado a La Habana como parte de la flotilla «Nuestra América» para vendernos que la situación «no es como se presenta desde fuera». Su diagnóstico coincide punto por punto con la propaganda oficial: la culpa de todo la tiene el «bloqueo» estadounidense. Pero no es así.

Conviene empezar por la precisión terminológica. Estados Unidos no impuso un bloqueo sobre Cuba: impuso un embargo. La diferencia no es menor. Un bloqueo implica impedir militarmente que terceros comercien con la isla, condenándola a la autarquía. El embargo prohibió a las empresas estadounidenses comerciar con el régimen, pero dejó intacta la posibilidad de que Cuba comerciara con el resto del mundo. Y eso es exactamente lo que hizo, especialmente con la Unión Soviética. Un reciente ‘paper’ de los economistas Joao Pedro Bastos, Vicent Geloso y Jamie Bologna muestra que el volumen total de comercio exterior cubano posembargo evolucionó de forma muy similar al de los países con trayectorias comparables a la cubana antes de la revolución: la isla no quedó aislada del comercio internacional; simplemente redirigió sus flujos desde EE.UU. hacia otras economías. El embargo perjudicó a Cuba, sin duda, pero no la descolgó del mundo.

Así, la investigación de estos autores conduce a un resultado demoledor para los propagandistas del régimen: en 1989, poco antes de la caída de la URSS, la renta per cápita de Cuba era la mitad de lo que habría sido sin revolución y, de ese empobrecimiento, sólo una décima parte era atribuible al embargo… el 90 por ciento restante se debía a la pauperización generada por el socialismo. De hecho, la realidad es aún más cruda: las abundantísimas transferencias soviéticas que recibió la isla durante décadas más que compensaban las pérdidas del embargo, de modo que toda la destrucción de los estándares de vida cubanos era atribuible en exclusiva al desastre socialista. O dicho de otro modo: incluso con embargo, los cubanos habrían duplicado su nivel de vida de no haber adoptado la planificación centralizada.

Que 35 años después del colapso soviético Cuba continúe hundiéndose –ahora sin las dádivas de Moscú y con el grifo del petróleo venezolano prácticamente cerrado– y que la única explicación del régimen y sus aliados siga siendo el «bloqueo» demuestra que la propaganda ha sustituido al análisis económico. La planificación centralizada es miseria: lo fue en la URSS, lo fue en la Europa del Este y lo sigue siendo en Cuba. Quienes de verdad quieran ayudar al pueblo cubano deberían empezar por señalar al verdadero culpable de su empobrecimiento en lugar de seguir proporcionándole coartadas para que continúe reprimiendo y empobreciendo a millones de personas.

Por Víctor H. Becerra

Presidente de México Libertario y del Partido Libertario Mx. Presidente de la Alianza Libertaria de Iberoamérica. Estudió comunicación política (ITAM). Escribe regularmente en Panampost en español, El Cato y L'Opinione delle Libertà entre otros medios.

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